viernes, 3 de octubre de 2014

La lluvia


El sonido de las gotas repiquetear contra el suelo mojado se repetía una y otra vez en mi cabeza. Tic, tic, tic. La noche era fresca, la brisa corría suavemente y la noche era clara. Tic, tic, tic. No paraba.
Estar ahí era un auténtico espectáculo. Desde la parada de autobús, se veían las luces cosmopolitas de la gran ciudad que se hallaba unos cuantos kilómetros más lejos de nosotros tintineando vivamente. También se oían las últimas gotas de lluvia que nada tenían que ver con la tromba de agua que atronó la carretera hace relativamente poco, unos cuantos minutos.
Noté tu brazo rodeándome, caliente en contacto con mi fría piel. Cerré los ojos para pensar, pensar en qué hacer para no dormirme a tu lado. Estaba tan a gusto. El sonido de la lluvia era  como si fuese una nana cantada rítmicamente, que relajaba a cualquiera que lo estuviese oyendo. Coloqué mi cabeza en la cálida y cómoda unión de tu cuello y tu hombro. Me sentía segura a tu lado. Como protegida de cualquier problema o mal en el mundo simplemente apoyándome en ti.

Suelen decir que el paraíso es un lugar, un lugar perfecto; la verdad, yo no lo creo así, creo firmemente que el paraíso de alguien puede ser también una persona. También que el paraíso era donde Adán y Eva estaban refugiados en un entorno perfecto, libre de preocupaciones, sin ningún mal. Pero creo que también se puede ser acogido, refugiado, en una persona. Alguien puede ser el ambiente perfecto para otra persona, su razón de ser, de pensar, de vivir. La causa de la disipación de todos los problemas. La capacidad de mover la mar y la tierra con tal de encontrar ese equilibrio.
Y ¿sabes? Me perdería infinitamente contigo con tal de volver a pasar momentos tan perfectos como éste. Porque un paraíso así no es fácil de encontrar.
Tic, tic, tic.
Entre la lluvia, tu calidez, y tu mano acariciándome la mejilla acabo cerrando los párpados, con una sonrisa deslumbrante en la cara.

Es inevitable, supongo.

martes, 16 de septiembre de 2014

La esfinge y el viento

(Relato ficticio)
Entré en la habitación con una ilusión desbordante. Estaba a punto de empezar una nueva etapa en mi vida, la universidad. La verdad, yo me veía todavía muy pequeña para pensar en todas estas cosas, pero bueno. Me había movido a la otra punta del país para poder formarme mejor. Y claro, iba a tener que conocer a mucha gente ahí fuera. Entre qué ponerme, cómo actuar, mi forma de hablar para poder contentar a la gente me estaba haciendo un lío. Me miré en el espejo viejo de mi habitación con gesto de desaprobación. Esa ropa era buena y cómoda, pero no la apropiada para mostrar que soy una chica que viste de forma arreglada. Cogí con resignación uno de los varios vestidos que mi madre me había obligado a comprarme y me lo puse. Me sentía como un saco rosa chicle. Pero bueno, mejor que unos vaqueros y que una camisa vieja, supongo. Suspiré y me tiré en mi mullida cama concienciándome de que iba a empezar algo totalmente nuevo y desconocido. Cambié de posición y vislumbré un libro que descansaba en la mesilla de noche; era el libro de cuentos infantiles que me contaba mi abuela de pequeña, francamente, no podría haberlo tirarlo después de todo este tiempo. Abrí las páginas con cierta nostalgia y con sumo cuidado. Fui pasando las páginas y vi un cuento del que no me acordaba para nada, qué raro. Se titulaba "La Esfinge y el viento", al parecer anónimo.

"Cuenta la leyenda que en el Antiguo Egipto, los humanos empezaron a conocer los materiales y cómo manipularlos, y con aquellos avances y conocimientos que adquirieron erigieron una majestuosa y enorme esfinge. Una auténtica proeza, todo el mundo hablaba de lo increíble que era. La esfinge era feliz, siendo la más aclamada de todas las obras arquitectónicas de aquellos tiempos.
Pero los humanos poco tardaron en mejorar y aprender. Y construyeron las pirámides. Auténticos laberintos llenos de salas de momificación y veneración a Anubis, dios egipcio de los muertos. Rápidamente el mundo empezó a hablar de las pirámides de Egipto con mucha más admiración que cuando la esfinge se creó. 
Al ver esto, la esfinge montó en cólera y llamó a Ptah, el mismísimo dios creador, inventor de la albañilería y con poder sanador. 
-¿Qué sucede, esfinge? ¿Qué has?
- Las pirámides son la obra arquitectónica con más reconocimiento que yo incluso. Eso es intolerable, Señor de la Magia. Y yo, que fui la primera, la más importante antaño, he sido completamente olvidada por esos necios humanos. !Soy más bella y enigmática que esas pirámides!
- ¿Qué sugieres pues?
-Necesito cambiar de forma. Quiero ser la más bella obra arquitectónica de todos los tiempos.
-¿Aunque eso conlleve perderte a ti misma?
-Lo que sea. 
-Hablaré con Shu, el dios de los vientos y la luz, para que invoque fuertes y raudas corrientes que pasen y te modelen para que seas la más querida. 
La esfinge estaba pletórica de alegría y accedió sin dudarlo. 
Pero lo que no sabía la esfinge era que el dios Ptah le había engañado. Al ver la desbordante e innecesaria soberbia de la esfinge invocó aquellos vientos para que cada uno de los granos que conformaban la esfinge se fuesen volando con el viento para ir a parar a las dunas, las verdaderas proezas naturales adoradas por los hombres egipcios. Y así la esfinge seguiría siendo venerada."
"No por ser superior
condenes lo que hay en tu interior".

Miré con interés la última página. Y me quité ese horrible vestido rosa fosforito para ponerme lo que realmente quería yo, la ropa cómoda de antes. Me miré al espejo y me reí. Ya sabía perfectamente lo que iba hacer. No dejarme perder por los demás como la esfinge. La clave de ser feliz es uno mismo.
Con una sonrisa puesta en la cara, y la última frase grabada a fuego en mi mente, salí de mi casa para empezar algo totalmente nuevo.

domingo, 15 de junio de 2014

Sin título

No sé qué escribir. No lo sé, francamente. Lo más normal es que me apoyo en la balaustrada, miro el paisaje, el cielo, los pájaros, la gente pasar, y dejo que las ideas me fluyan, me llenen el alma, me sanen por dentro. Que discurran como un río armonioso lleno de colores y sensaciones tan bien conectadas unas con otras, tan bella combinación forman que hacen estremecerme, hacen que sienta muchas sensaciones por ideas y  que ni siquiera son reales o que ni que nunca o casi nunca me ocurrirán.
Y llega el momento de plasmarlo. Y mis dedos corren, a contrarreloj, antes de que esas ocurrencias repentinas no se me desvanezcan de mi mente.
Y logro al fin terminarlo. Probablemente me parezca media hora más tarde un relato horrible y despreciable, pero en estos momentos a mis ojos me parece la composición más armoniosa que he escrito jamás.

Pero últimamente esas cosas no pasan... Ahora veo las cosas de una forma distinta, no llego a ese punto de armonía. Supongo que es el estrés. O eso es la excusa universal para todo que las personas suelen poner.


martes, 3 de junio de 2014

Realidad sumida en lo irreal

Estaba caminando por la orilla de la playa, las olas se arremolinaban como chorros de plata resplandeciente. Acerqué mis pies descalzos a la zona del suelo donde acababan las olas. Fue una leve caricia, que al cerrar los ojos me hacía evadirme y sentirme bien. A veces pienso que debí haber nacido sirena, o con branquias.
Esbocé una sonrisa, riéndome  de mí misma. Qué tonta podía llegar a ser.
Con todas estas ideas rondándome la cabeza, me alejé de la costa, y con un gesto desenrollé la esterilla. Me tumbé, los pies se salieron de ella. Me puse de lado, y me recogí a mi misma.
Los párpados, pesados como losas, cayeron con fuerza, y el murmullo de el romper del agua me acompañaron.

Cerré el libro. Miré confusa a la portada. Qué curioso. Pensaba durante un momento haber sido esa chica, al lado la línea de costa, con las aguas ondeando en frente suya. Pero no. Seguía en el porche de casa, en la mecedora de madera de la abuela, con el libro en la mano.
Hubo un momento en el que todo pareció diluirse ante mis ojos. Me sentía etérea,  con todo dándome vueltas en la cabeza.

¿Qué era realidad y qué era sólo lectura?

domingo, 4 de mayo de 2014

The A Team

White lips, pale face 
Breathing in snowflakes 
Burnt lungs, sour taste 
Light's gone, day's end 
Struggling to pay rent 
Long nights, strange men. 

And they say 
She's in the Class A Team 
Stuck in her daydream 
Been this way since 18 
But lately her face seems 
Slowly sinking, wasting 
Crumbling like pastries. 

And they scream 
The worst things in life come free to us 
Cos we're just under the upperhand 
And go mad for a couple of grams 
And she don't want to go outside tonight 
And in a pipe she flies to the Motherland 
Or sells love to another man 
It's too cold outside 
For angels to fly 
Angels to fly 

Ripped gloves, raincoat 
Tried to swim and stay afloat 
Dry house, wet clothes 
Loose change, bank notes 
Weary-eyed, dry throat 
Call girl, no phone 

And they say 
She's in the Class A Team 
Stuck in her daydream 
Been this way since 18 
But lately her face seems 
Slowly sinking, wasting 
Crumbling like pastries 

And they scream 
The worst things in life come free to us 
Cos we're just under the upperhand 
And go mad for a couple of grams 
And she don't want to go outside tonight 
And in a pipe she flies to the Motherland 
Or sells love to another man 
It's too cold outside 
For angels to fly 
Angels to fly 

An angel will die 
Covered in white 
Closed eye 
And hoping for a better life 
This time, we'll fade out tonight 
Straight down the line 

And they say 
She's in the Class A Team 
Stuck in her daydream 
Been this way since 18 
But lately her face seems 
Slowly sinking, wasting 
Crumbling like pastries 
They scream 
The worst things in life come free to us 
And we're all under the upperhand 
Go mad for a couple of grams 
And we don't want to go outside tonight 
And in a pipe we fly to the Motherland 
Or sell love to another man 
It's too cold 
For angels to fly 
Angels to fly 
To fly, fly 
Or angels to die

domingo, 27 de abril de 2014

El mundo escondido tras tus ojos.

Hay tanto que quieres esconder, tanto que enterrar en el fondo de ti para que nadie lo vea, para que nadie descubra ese tú que le tratas de ser monstruoso, feo, desagradable y condenado a vivir a oscuras para siempre encerrado en la prisión donde será tratado como lo que se le ha llamado desde siempre.
Pero te has olvidado de uno de los portones más grandes y vistosos por los que escapan a borbotones todos esos monstruos, ansiosos por mostrarse por primera vez a la luz ante los ojos de los patidifusos rostros que los contemplan.
La mirada. Qué decir de la mirada. Para ello mejor recurrir del refrán popular: "La mirada es el espejo del alma". Ahí está la clave. La mirada es un reflejo de tu alma, un periódico que muestra lo que pasa día a día en ese mundo que sólo conoces tú. Aunque quieras encerrar algo dentro de ti, siempre algo se filtrará por la mirada. La mirada es la muestra más viva de todo nuestro ser exterior, la que actúa de puente de "lo de fuera" y lo "de dentro". Cuando mencionan algo sobre lo que estás intentando ocultar, automáticamente, como si de una botella a presión siendo descorchada se tratase, todo lo que se halla en el interior provoca tal presión que, por mucho que tú intentes ocultar lo que estés pensando, acaba saliendo rápidamente y estalla, haciendo una explosión de duda e inseguridad manifestada en tu mirada. 
Y ya está. Todo los esfuerzos fueron en vano. 
Así que, si ya está la mirada para mostrar quiénes somos, ¿Por qué avergonzarnos y de nosotros mismos y no mostrar una parte oculta si nuestra mirada lo va a acabar delatando?

jueves, 3 de abril de 2014

Problemas- Solución.

Sus párpados caían como losas. Las pestañas pesaban, húmedas. Le hacían encapsularse en un mundo oscuro, silencioso, triste. En la penumbra se podía ver una figura. Unas letras, parecían. O quizás unos números. No lo tenía muy claro. Era una figura increíble. Partículas humeantes bailando pausadamente.
Estuvo mirándolo con confusión. Atisbó después de un tiempo la palabra "Problemas"
Problemas.
Se acercó, intentando tocar con su propios dedos aquella figura que le parecía tan hermosa. Pero cuando se acercó a ella, las partículas comenzaron a ir contra ella, le zarandearon, y le tiraron al suelo. No sabía cómo algo tan delicado podía hacerle tanto daño. Esas partículas describían una serie de trayectorias de tal forma que impactaban sobre su cuerpo dolorido.
Tenía que abrir los ojos... Pero estaban tan cerrados, los párpados pesaban tanto...
Necesitaba ver la luz. Abrir los ojos.
Hizo un esfuerzo sobrehumano, dejó de pensar en esas motas punzantes y por fin abrió los ojos.
Las partículas se juntaron en una enorme esfera flotante de color verde esmeralda. Súbitamente, toda la oscuridad en la que todo estaba sumido desapareció, la luz inundó toda la estancia.
Era una amplia sala, de estilo rococó, pintada casi entera de un blanco brillante. De donde provenía la luz era de una amplia balaustrada que daba a un paisaje soleado y verde.
Fue a la balaustrada y se quedó mirando, apoyándose en la barandilla el bello paisaje. La esfera de partículas ahora era de un violeta intenso, y se deshizo, y se pusieron alrededor de ella, acariciando su piel y su pelo. Extendió los brazos y cerró los ojos. Dejó que las partículas sanasen su cuerpo dolorido, recorriendo centímetro a centímetro sus brazos.
Por fin se sentía curada.