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martes, 18 de julio de 2017

Gotelé

Lo único que se oye en noches como esta es el sonido tintineante del ventilador que no cesa y mi respiración sosegada y constante, inquebrantable por los frágiles brazos de cristal del sueño que intentan cazarme sin éxito.
En noches como esta lo único que haría sería correr, hundirme en la arena, meterme en el agua sin brillo y notar cómo la humedad se postra sobre mi magullada piel. Volar, dar volteretas, extender las alas y volar junto con mi vestido vaporoso favorito. Pero no.
Aquí estoy, como un tigre encerrado, moviéndome en mis vaivenes mentales, callejones sin salida donde al final de cada angosto pasadizo te encuentras con la  fría mirada de un pensamiento mirándote, escrutando tu ser. No necesita tocarte, ni enseñarte aquella navaja nacarada tan bonita que guarda en su bolsillo, sólo se limita a observarte. Y pesa, pesa muchísimo su presencia. Algunas noches te encuentras a uno, otras a otros más amigables. Pero a veces es siempre el mismo pesado de siempre.
"¿Me concede por duodécima vez en esta noche este baile, señor pensamiento?"
Y vuelta y vuelta y traspiés.
Qué bonito el gotelé. Mis ásperas manos recorren aquellos goterones irregulares y encalados cargados de memorias: de pequeña me imaginaba que aquellas gotas dentro del mar del gotelé encarnaban historias que mi cerebro creaba, como naufragios, madres llorando desconsoladas por la marcha de su hijo o simples bailarinas que con su finísimo tutú y su moño adornado hacían una preciosa coreografía. Vidas encerradas en trocitos de pintura.
Me he hecho amiga del techo. No me dice nada, pero yo se lo digo todo. Es muy alto, y tengo que levantarme para tocar con las yemas de los dedos su rugosa superficie y así escuchar su historia. Quisiera que se desahogarse conmigo tanto como lo hago yo con él, pero no hay feedback. Se cierra y no quiere hablar. A lo mejor es una forma de decirme que debería dejarme de gilipolleces y simplemente dormir como hacen las personas normales.
Pero no, no quiero. Hoy quiero hablar con el gotelé. Hoy quiero interpretar las historias rupestres escritas en la pared y conectar con su almacén de recuerdos hasta enloquecer y no saber qué recuerdo es mío y cuál suyo. Hoy quiero fundirme en la imaginaria arena y ahogarme voluntariamente y solo por hoy en mis pensamientos aunque eso me desgarre en trozos irregulares.
Solo por hoy.

jueves, 29 de junio de 2017

Hotel polifacético

Me presento: en el centro de mi ser tengo un hotel, un hotel curioso, que nació de mi pecho moribundo y sociable a la vez que ofrece hospedaje a pequeños peregrinos que tras pasar jornadas enteras a la interperie lo único que quieren es un hogar. Pues en mí encuentran todo lo que buscan: una cama, un sillón, y un timón. ¿Un timón? ¿En una habitación? ¿Qué diseñador de interiorismo ha hecho eso?
Sí, señores, un timón. Con él, ellos me dirigen, mueven mi boca, mi expresión, parasitan mis ideales y cambian mi serenidad por prontos o llantos permanentes.
Entre los clientes, suele venir un hombre con los pelos alborotados, con sudadera sucia de ganchitos oliendo  especialmente mal, vago... De todo, la verdad. El pobre hombre solicita siempre una suite de comfort para no moverse de ahí y no tener que bajar al buffet libre a probar platos nuevos. Su hermana, totalmente distinta, es una chica atlética, fornida y mundialmente conocida por mover montañas. La verdad, no sé cómo lo hace,  tampoco he podido hablar con ella porque se hospeda muy recurrentemente a mi desgracia (usa como excusa que tiene que mover muchas cosas, demasiadas). Es una pena, pero me encantaría que se quedase, al hotel le es de gran ayuda su simple presencia.
Vino un chico. Pero alguien especial, que acaricia mis paredes con esmero y cariño, que pintarrajea corazones mal dibujados en su mano y luego me los enseña. Un cliente de oro, el que hace la cama de la habitación y se limpia él solo su espacio. Siempre nos pone un 10 en la encuesta de satisfacción, y nosotros a él. Es perfecto. No quiero que se vaya nunca.
Pero a veces los cuervos emprenden el vuelo, y aunque en la encuesta de satisfacción pongan un 10 las cosas son más complicadas (no eres tú, soy yo) y nos dejan desolados, con la habitación zarrapastrosa. Cuesta encontrar clientes 10 para que se queden permanentemente en la habitación que les ofrezco. Más de lo normal. A veces si no les gusta la entrada principal, ni entran a verlo por dentro. Necios, si es mucho más bonito en el interior, qué cosas.
Aunque sin duda, la visita más tristemente relevante es una mujer que viene una vez al mes, con un manto rojo, aterciopelado, alta, tacones de aguja brillantes color burdeos y mirada felina. Es una huésped curiosa, tiene una manía de clavar sus tacones de aguja de tal forma que parece que va a perforar el suelo, provocándole dolor, ya que el suelo siente y palpita también, como cualquiera. De su manto espeso cuelgan cuentas gelatinosas parecidas a rubíes que cuando impactan contra el suelo se convierten en riadas intermitentes de líquido rojo a borbotones que buscan salir al exterior cuanto antes. Me desconcierta, me enfada que clave tanto  y tan fuerte esos tacones, y eso me frustra más que nunca. Grito, pero nadie escucha mis sordas clemencias a la nada. Y ella, miope, contradictoria y sorda también pero más segura que nadie, se marcha tras haber dejado el suelo agujereado. Es curioso, pero cuando se va me da hasta igual los agujeros, como que ya no noto que están ahí. Ya crecerán.
Y así soy yo, un hotel polifacético, un cúmulo de huéspedes cada cuál más interesante de contemplar y hablar.
Esperamos su visita.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Callada

Callada.
Callada, sola pero rodeada de gente. Mis pupilas se mueven, no están fijas. Mis oídos están atentos a  lo que dicen. A todas las conversaciones que hay a mi alrededor. A las miles y millones de palabras y sonidos que intercambian. Algunos están debatiendo. Otros están conversando sobre cosas simples y banales. Preguntan cosas a las que yo sé la respuesta. Algunos argumentos son muy necios, y merece la pena que los rebata. Pero permanezco callada.
 En la perfección del silencio, cuando irrumpen sonidos, permanezco callada. Como un tótem, no despego mis secos labios. Mis cuerdas vocales no vibran. No quiero que vibren. No necesito que vibren.
No quiero hablar. No me apetece pronunciarme para aportar comentarios necios y vacíos. No me siento avergonzada por no hablar. No quiero hablar. No puedo hablar.
No tengo nada que ver con esa gente. No necesito saber sobre ellos. No quiero saber sobre ellos. No necesitan saber sobre mí. No quieren saber sobre mí.
Entonces, ¿Qué hago yo aquí? ¿Por qué hay una fuerza invisible que aunque no quiera, me persigue y me atosiga? No quiero estar aquí. No quiero. No quiero nada.
Me dejaré llevar a ningún lugar. A lo mejor soy yo. O son ellos. O es que no tengo claro si quiero o si no. ¿Si sí o si no qué? La cabeza me da vueltas. Los sonidos resuenan y rebotan en mi cabeza. Me palpita, causando una dolorosa sensación de mareo. No siento el asiento del autobús. Sólo los oigo a ellos. No puedo prestar atención a nada más. Pero no quiero prestarles atención. No necesito prestarles atención. ¿O sí quiero? Sólo quiero saber lo que quiero. Y lo que necesito.
Necesito algo, pero no sé. Quiero algo, pero tampoco.
Mientras tanto, permanezco callada.

lunes, 11 de julio de 2016

Admiro

¿Es justo todo lo que sufrimos? La estupidez, la llanura, el dolor hace de este mundo digno de ser tirado a la basura, de tacharlo de generalidades, contaminarlo, llorar, enfadarse, patalear, suicidarse, matar.
Desvanecerse, desintegrarse, volar con el viento. Y ya está.
Admiro a esos ermitaños que recelosos de lo que acontece por sus alrededores se escapan, en un viaje a quién sabe dónde, se abandonan a sí mismos, escapan de su acogedora coraza como un soplo plateado y se inventan lugares nuevos, donde la perfección es una cualidad más poco ostentosa, las criaturas más caprichosas lo habitan y los lugares por explorar son infinitos.
Admiro a aquellos que se aventuran a buscar la felicidad en los lugares más recónditos y poco probables de encontrar, entre lo vulgar y sencillo, los que nadan por mantenerse a flote a pesar de la tormenta que arrecia fuera. Los que, entre su paleta de colores oscuros se las ingenian para pintar un cuadro de colores llamativos.
Admiro a los que han nacido con un alma inquieta, tanto que no son capaces de callarse cualquier maldad que presencian, que luchan por el bien de sus similares y no tan similares antes que por el suyo propio poniéndolo en peligro la gran mayoría de las veces, pero que a la par enmudecen para escuchar cualquier argumento de posible mejora.
Admiro contemplar la evolución de aquellos que, anteriormente sumidos en la negrura, ya no lo están, y gracias a aquella experiencia, se han labrado un brillante escudo de conocimientos y se esfuerzan por hacérselo conocer a los que viven con él.
Admiro a los que consiguen, rodeados entre tanta miseria y barbarie y tras la espalda de sus compatriotas, salir adelante con la cabeza bien elevada, con una sonrisa pintada verdadera en el rostro, que disfrazan el complot y lo pintan con colores bellos para que los demonios negros no se instalen en los corazones de los más inocentes. Que hacen crecer bosques tropicales en los terrenos donde otros veían baldíos. Como las hojas secas que el viento arranca y posa en el suelo hasta que un nuevo soplo azaroso las levanta en el cómodo vuelo, así son ellos, pacientes, estáticos, leales.
Admiro aquellos, que tras problemas internos entre dos polos que se repelen saben mantenerse en la neutralidad y consiguen no corromperse y agarrarse a ellos mismos en el sendero de la vida, a aquellos que juegan todas sus cartas por la sinceridad casada con la humildad, aquellos que saben identificar un gesto verdadero entre la marea inmensa de trampantojos.
Aquellos que lleváis la felicidad y la justicia como bandera, me faltáis muchos por enumerar. Y si me pusiera a hacerlo sería incapaz de finalizarlo. No sois un hombre fornido con capa y tupé, debido a que esa imagen no existe. Sois los héroes dotados del poder más importante en esta vida: la perseverancia.

“If you wanna make the world a better change, take a look at yourself and make a change”

miércoles, 1 de junio de 2016

Conciencia

Nuestra especie se encuentra asentada en una de las miles esferas que se encuentran en nuestro universo, poblada de una gran inmensidad de seres vivos.
Lo que nos dota de esa pincelada de vida es la capacidad de encoger corazones, gritar de dolor, que nuestro ser se paralice, que sintamos la necesidad imperiosa de huir de nuestro espacio vital y añadir experiencias nuevas a nuestra alma vacía, y sobre todo, el establecer relaciones entre los seres que nos rodean. Estas relaciones están basadas en el respeto, en el amor, en algo tan básico como encender una llama  y comprometernos a protegerla y a no dañarla y que ningún alma maliciosa se atreva a apagarla.
Muchas veces desaparece dentro de las ideas que frecuentan nuestra mente que no habitamos solos. Igual que nuestro interior, el exterior debe estar equilibrado, si no la cordura desaparecerá.
Todo esto es muy bonito de decir, ¿no? Suena bien.
En la zona en la que habito sigue vigente e incluso amparada por la ley una tradición que debería helar la sangre de todo ser que lo presencia, pero que, por contrapartida, alegra, provoca sentimientos de diversión y malicioso entretenimiento.
A lo largo de mi vida ha habido muchos incidentes que han sido objeto de mi curiosidad, algunos los he logrado comprender, otros los he aplazado para entenderlos cuando mi mente envejezca y haya vivido más; sin embargo, siempre hay uno que se ha quedado incrustado y se resiste a cualquier punto de vista que lo arranque de la zona en la que siempre ha estado: en la incredulidad completa.
No hay nada que no te hayan hecho ya. Fuego, lanzas, palas, cuerdas... Ya se han inventado todas las formas para provocar tu muerte, todas cada cual más dolorosa en las que sales evidentemente perjudicado.  Lo has soportado todo ya. Podría decirse que eres un vertedero en el que guardamos y descargamos los desechos que ya nos pesan demasiado. La transferencia de problemas para eximirse de ellos es algo muy gratificante en el alma siempre. Miedos y ansiedades que constituyen una mezcla mal amasada que se traduce en violencia, hacia ti, por supuesto. Debe ser que la conciencia es una cualidad exclusiva de ciertos humanos.
Se me encoje el alma al observar estos animales en la vida libre. Grandes y voluminosos, son imponentes a la par que mansos. Su mirada es algo increíble. Transmiten serenidad, belleza, inocencia. Nobles, son ajenos a lo que les va a ocurrir  más tarde.
Es curioso los berenjenales en los que nos metemos los humanos. Siempre nos las arreglamos para estropear todos los ingeniosos mecanismos que la naturaleza ha dispuesto con amabilidad. De hecho, es mi propia especie la que participa en la "matanza digna" de este animal.
Porque, el hecho de morir lentamente delante de un coro que vitorea a favor de tu muerte ejecutada por un verdugo disfrazado de luces confusas mientras se burlan de tu existencia rezuma dignidad. He de decir que incluso hay caballos, primos hermanos tuyos, que son cómplices sin ellos quererlo de tu muerte, ya que les tapan los ojos para que no se percaten de la atrocidad que están haciendo.
Cada día que pasa intento entender el por qué de toda esta locura, quizá la razón que más entiendo es la cantidad de ingresos que acumula, ya que desgraciadamente, personas de otros países asocian esta estúpida tradición con nuestro país. Es curioso a la par que terrorífico analizar el hecho de que hay millones de humanos, con mis mismas cualidades psicológicas, con la misma estructura cerebral que apoyan este hecho, y además, disfrutan con ello. Muchos rebatirán estos argumentos con la insostenible idea de que es una afición, como a quien le gusta el fútbol. En el fútbol que yo tenga constancia a los jugadores no se les tortura hasta la muerte. Pero bueno, tengo que admitir que no me considero seguidora de este deporte así que será eso. A lo mejor es que nos estamos equivocando al definir el concepto de "humanidad", del latín humanitas,  que se define como la benignidad, mansedumbre y afabilidad. ¿Afabilidad consiste en matar y disfrutar de ello? Me parece que os equivocáis, lingüistas.
Si tuviera la oportunidad de hacer algo, de parar esta locura, lo haría. Y lo estamos haciendo. Por suerte, hay personas (entre las que me incluyo) cuyo ser se estremece al oír tales noticias sobre tu humillante e injusta muerte. Cada vez es menor la proporción de personas que carecen de conciencia y están a favor de esta atrocidad. Lentamente, pero lo estamos erradicando.
Ya es cada vez menos un sueño y más una realidad.
(Dibujo tomado de Luiso García)

sábado, 9 de abril de 2016

Tú mismo, tu mayor enemigo.

Hoy vengo a hablar de un tema que padece la gran mayoría de la humanidad, que es terriblemente común, y por el que yo he pasado durante gran parte de mi adolescencia. Llevo mucho, muchísimo tiempo queriendo subir esto pero no me he sentido que fuese del todo verdad.
Ha costado, pero ya me siento libre. Todo este tiempo me he sentido atada a... ¿nada? sin sentido, sintiéndome inferior y por eso privada del derecho de hacer ciertas cosas, de ponerme cierta ropa, de no corresponderme con los cánones de belleza... En fin, puedo afirmar que me siento satisfecha de haber pasado por aquellos quebraderos de cabeza, porque lo que no te mata te hace más fuerte.
Me han servido para contrastar, aprender, y sobre todo, para evolucionar.
Realmente, nadie me decía gran cosa, alguna vez, pero la que más miedo, más pánico al ridículo, a lo social tenía era yo misma. Mi mayor enemigo era yo misma. Mi obstáculo para avanzar era yo misma. Mi problema más grande era yo misma. Pero de repente llega un momento en el que te levantas, te miras al espejo y decides cambiar. Eliminas todos esos pensamientos negativos gradualmente y decides cuidarte. Una vez leí una cita relacionada con todo esto que me encantó. Decía así: "Tu cuerpo cierra y sana tus heridas, repara y fusiona tus huesos cuando se rompen, tu cuerpo te ama. ¿No es momento de que tú lo ames a él?
Y eso es el quid de la cuestión. Tenemos la estúpida e inservible costumbre de basar nuestra felicidad en algo externo: un novio, un amigo... Pero es que el verdadero cambio está en ti mismo. ¿Cómo vas a querer tú a alguien si no te quieres? ¿Cómo va a salir eso? Una relación basada en la inseguridad, el mangoneo y la manipulación.
En mi vida he tenido muchas personas que me han hecho sentir inferior, inservible, tonta, inferior, minúscula, me han dejado de lado. Pero tengo que darles las gracias a esas personas. Gracias de verdad. Sois equivalentes a un examen de física en mi vida. Todos al final los he aprobado así que estoy contenta.
He aprendido a quererme. Ahora me río más porque me da igual las arrugas tan raras que se me hacen en los pómulos. Ha costado, vaya si ha costado, pero he aprendido a querer mis muslos grandes y celulíticos, ya puedo ir en pantalón corto y bikini y que me dé igual. He aprendido a querer mis estrías, mis clavículas que se me notan tanto, mi mechón rubio natural, mi piel blanca como la leche, mis ojos enanos, mis caderas anchas contra las que tanto he luchado por esconder o disimular, ya me compro camisas que enseñan el ombligo pero que siempre me daba miedo enseñar, me pongo más vestidos, me maquillo más.
Llena de imperfecciones, destrozos, remiendos, pero sí. Ya sé enhebrar la aguja y coserme los desgarros, ya soy fuerte, segura de mí misma. Mi cuerpo es mío, y de nadie más.Y por supuestísimo que tendré caídas por este tema, como todo el mundo, pero la mentalidad ha cambiado totalmente. El proceso de aceptación es largo, larguísimo, todavía no he terminado para nada. Sigo considerando mi cuerpo una cárcel que me priva de actuar de cierta forma que me gustaría, pero en un grado mucho menor por suerte.
Si me estás leyendo y has sufrido problemas de autoestima, te sientes inferior, recuerda que, al que más debes esforzarte por gustarle eres sólo a ti.

domingo, 24 de enero de 2016

El cuaderno y yo, yo y el cuaderno.

Nunca me cansaré de reiterar la belleza de escribir. Es algo tan automático en mi mente, tan integrado, que es mi respirar, mi oxígeno. Muchos días (últimamente bastantes, estoy volviendo a una época en la que escribía mucho) me siento ofuscada, asaltada y atosigada por mi mente, y simplemente no puedo hacer otra cosa que escribir, dejarlo reflejado en el papel. Es casi doloroso no poder hacer esto que digo cuando realmente lo necesito, y un alivio cuando cojo mi lápiz, la libreta y ya está, se acabó todo. Mi mente vuela entre mundos que mi subconsciente proyecta y construye a su merced, Muevo la mano. No estoy. Bueno sí, en un bucle de historias, pan con frutos secos, guitarras eléctricas, soles infinitos, cuadros, animales y libros, y yo en el centro.
Muchas veces miro el cuaderno porque me gusta recordar qué es lo que me llevó a escribir cada cosa y ver mi evolución a lo largo de los años. Porque mi cuaderno es el que mejor me guarda los secretos y el que mejor lo sabe conservar. Recuerdo momentos en los que he empezado a escribir y me he puesto a llorar, otras a reír de felicidad. Y no, no tengo buena base literaria, no tengo un buen estilo literario, no suelo usar muchas figuras retóricas y cosas que están a la orden del día de todo escritor, incluso mis ideas están mal estructuradas, pero es algo ya tan arraigado que lo necesito en mi vida. No tengo que intentar iniciar una conversación, ni fingir ser otra persona, ni intentar esforzarme por caerle bien al cuaderno (porque es imposible, pero bueno, cada loco con su tema). Suena muy cascarrabias, pero en estos momentos de escribir me comporto como un artista que tiene que retirarse a su torre de marfil para observar callado su alrededores y escribir sobre ello. Porque el mundo es un lugar demasiado bonito y curioso como para quedarse estático y no reflexionar sobre él.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Hola.

Hace ya cinco años desde que te marchaste, yayo. Cinco años desde que no estás materialmente (diría más bien). Un día antes que se muriese Shakespeare y Cervantes y el mismo día que el cumpleaños de Kant, así como dato interesante. Seguro que ahora te pondrías muy feliz si lo supieses.
La verdad, yayo, lo tuviste que hacer bien, porque todos tus hijos y tus nietos te recordamos con una sonrisa en la cara. y, ¿qué tendrás de especial?, se preguntará la gente.
La verdad, como tú decías, eras una persona "normal y corriente" viviendo en Madrid, con tus cinco hijos y tu mujer. Siempre te han descrito como una persona altruista, con ganas de vivir, siempre dispuesta a dar buenos consejos, servicial, y sobre todo, con mucha capacidad de hacer el tonto. Las numerosas nochebuenas en las que los nietos te poníamos serpentinas y cualquier cachivache sin sentido en la cabeza, esas, no se me van a olvidar en la vida.
Pero, por encima de todo, ¿Sabes qué es lo que nos has enseñado a todos los que te conocíamos? Que si se quiere sonreír, se puede. Llegó un momento en el que estabas con tantos problemas de salud que el sólo pensarlo da mareo. Prefiero no contar tus problemas por aquí, por respeto a ti, digamos que estabas "como una pasa", como comentaba mamá, casi sin poder hablar, con la mitad del interior de tu cuerpo hecho metal entre otras cosas, y para matar el tiempo, decidiste aficionarte a construir maquetas de galeones. La yaya te compraba las piezas, y poco a poco las construías. Luego, tenías esa manía de ponerte a ver las películas del oeste de las 5 de la tarde en canal nou, que retransmitían siempre.
Sinceramente, cuando me decían que de salud estabas muy mal, me resultaba extraño, porque yo siempre te he visto con una luz en los ojos y una ilusión tan grande por simplemente vivir que nunca lo he visto antes. Tengo tantos buenos recuerdos en los que estás implicado tú que me cuesta recordar alguno malo. Muchas veces me pregunto qué habría sido de ti si hubieses superado esa operación hace 5 años. Probablemente seguirías haciendo maquetas y creando un buen ambiente que nadie más podría crear. Posiblemente, al ver tu estado de salud decidirías dejar de comer todas esas cosas que tomabas muchas veces para cenar, como las orejas de cerdo, Aunque, la verdad, echo de menos la cara de desaprobación de la yaya acompañada de un resoplo: "Pero cómo puede digerir esto".
Muchas veces pienso en ti, y cómo puede ser que siendo una persona tan humilde y simple eras y serás la mejor persona que he podido llegar a conocer. Tu recuerdo me ayuda a sobrellevar los malos momentos, y de das la sonrisa que de vez en cuando me falta. Por eso esta entrada no se llama ni "hasta luego", ni "adiós", sino "hola", porque siempre estarás presente para mí.
Espero que donde estés sigas regalando sonrisas y haciendo barcos para la gente de ahí tan bien como lo hacías aquí, Ahora es el momento de seguir tu camino, ese sendero que has construido tú mismo. Este no es el fin, para nada.
Así que ve, sigue tu sendero y de vez en cuando echa la vista hacia atrás, para que te des cuenta de todo lo que has hecho, hiciste, y sobre todo harás.

Alea jacta est

"Pequeña, no temas. Este mundo es salvaje y muchas bestias lo habitan, y quizá te asusten por su aspecto furioso y poco amigable. Si te sientes atemorizada por los monstruos que viven en nuestro mundo, yo te enseñaré a domarlos y a luchar contra ellos. Yo te alzaré, paso a paso, para que aprendas a caminar, a correr, a saltar, a volar. Cuando te halles en una situación en la que el pavor te atenace, te haga sentir minúscula, ten en mente que el miedo ha causado más fracasos que cualquier error a lo largo de toda la larga historia haya podido hacer. Siéntete alimentada por el fervor y la furia de aquellos, en un momento, por miedo a caer, no alzaron el vuelo. Despliega tus alas, que son perfectas para planear a través de los cielos, y nunca, nunca mires hacia abajo o hacia atrás, siempre hacia el sol naciente. La vida es como un helado, una vez que has empezado, debes acabarlo, o si no se derretirá, dejándote una mancha colorida  y perderá esa textura tan buena, volviéndose líquida, como una sopa insípida. Así que pequeña, ve. No tardes, que el sol se está poniendo ya. Una vez aprendida la teoría es necesario que la pongas en práctica. Obviamente, en los cielos hay vendavales y tormentas amenazantes, pero te servirán para volverte mucho más fuerte, incluso te alegrarás en un futuro lejano de haberlos pasado"
"¿Qué? Ah, que quieres un helado, Toma, y ni que los sueños ni el helado se te derritan, cuida de ellos, ya que yo no soy capaz ya. Sé tu corazón, tu cerebro, tu alma. Hazlos guardianes de todo cuanto piensas, que sean mediadores de tus miedos, ilusiones, inquietudes. Y lo más importante, cuando seas mayor acuérdate de mí, de tus padres, de tus ascendentes, y transmite este mensaje tal y como lo hemos hecho todos desde que tenemos memoria. Enseña esta receta a tus hijos, y deja al presente fluir con armonía."
"Alea jacta est"

domingo, 15 de junio de 2014

Sin título

No sé qué escribir. No lo sé, francamente. Lo más normal es que me apoyo en la balaustrada, miro el paisaje, el cielo, los pájaros, la gente pasar, y dejo que las ideas me fluyan, me llenen el alma, me sanen por dentro. Que discurran como un río armonioso lleno de colores y sensaciones tan bien conectadas unas con otras, tan bella combinación forman que hacen estremecerme, hacen que sienta muchas sensaciones por ideas y  que ni siquiera son reales o que ni que nunca o casi nunca me ocurrirán.
Y llega el momento de plasmarlo. Y mis dedos corren, a contrarreloj, antes de que esas ocurrencias repentinas no se me desvanezcan de mi mente.
Y logro al fin terminarlo. Probablemente me parezca media hora más tarde un relato horrible y despreciable, pero en estos momentos a mis ojos me parece la composición más armoniosa que he escrito jamás.

Pero últimamente esas cosas no pasan... Ahora veo las cosas de una forma distinta, no llego a ese punto de armonía. Supongo que es el estrés. O eso es la excusa universal para todo que las personas suelen poner.


martes, 3 de junio de 2014

Realidad sumida en lo irreal

Estaba caminando por la orilla de la playa, las olas se arremolinaban como chorros de plata resplandeciente. Acerqué mis pies descalzos a la zona del suelo donde acababan las olas. Fue una leve caricia, que al cerrar los ojos me hacía evadirme y sentirme bien. A veces pienso que debí haber nacido sirena, o con branquias.
Esbocé una sonrisa, riéndome  de mí misma. Qué tonta podía llegar a ser.
Con todas estas ideas rondándome la cabeza, me alejé de la costa, y con un gesto desenrollé la esterilla. Me tumbé, los pies se salieron de ella. Me puse de lado, y me recogí a mi misma.
Los párpados, pesados como losas, cayeron con fuerza, y el murmullo de el romper del agua me acompañaron.

Cerré el libro. Miré confusa a la portada. Qué curioso. Pensaba durante un momento haber sido esa chica, al lado la línea de costa, con las aguas ondeando en frente suya. Pero no. Seguía en el porche de casa, en la mecedora de madera de la abuela, con el libro en la mano.
Hubo un momento en el que todo pareció diluirse ante mis ojos. Me sentía etérea,  con todo dándome vueltas en la cabeza.

¿Qué era realidad y qué era sólo lectura?

domingo, 27 de abril de 2014

El mundo escondido tras tus ojos.

Hay tanto que quieres esconder, tanto que enterrar en el fondo de ti para que nadie lo vea, para que nadie descubra ese tú que le tratas de ser monstruoso, feo, desagradable y condenado a vivir a oscuras para siempre encerrado en la prisión donde será tratado como lo que se le ha llamado desde siempre.
Pero te has olvidado de uno de los portones más grandes y vistosos por los que escapan a borbotones todos esos monstruos, ansiosos por mostrarse por primera vez a la luz ante los ojos de los patidifusos rostros que los contemplan.
La mirada. Qué decir de la mirada. Para ello mejor recurrir del refrán popular: "La mirada es el espejo del alma". Ahí está la clave. La mirada es un reflejo de tu alma, un periódico que muestra lo que pasa día a día en ese mundo que sólo conoces tú. Aunque quieras encerrar algo dentro de ti, siempre algo se filtrará por la mirada. La mirada es la muestra más viva de todo nuestro ser exterior, la que actúa de puente de "lo de fuera" y lo "de dentro". Cuando mencionan algo sobre lo que estás intentando ocultar, automáticamente, como si de una botella a presión siendo descorchada se tratase, todo lo que se halla en el interior provoca tal presión que, por mucho que tú intentes ocultar lo que estés pensando, acaba saliendo rápidamente y estalla, haciendo una explosión de duda e inseguridad manifestada en tu mirada. 
Y ya está. Todo los esfuerzos fueron en vano. 
Así que, si ya está la mirada para mostrar quiénes somos, ¿Por qué avergonzarnos y de nosotros mismos y no mostrar una parte oculta si nuestra mirada lo va a acabar delatando?

jueves, 3 de abril de 2014

Problemas- Solución.

Sus párpados caían como losas. Las pestañas pesaban, húmedas. Le hacían encapsularse en un mundo oscuro, silencioso, triste. En la penumbra se podía ver una figura. Unas letras, parecían. O quizás unos números. No lo tenía muy claro. Era una figura increíble. Partículas humeantes bailando pausadamente.
Estuvo mirándolo con confusión. Atisbó después de un tiempo la palabra "Problemas"
Problemas.
Se acercó, intentando tocar con su propios dedos aquella figura que le parecía tan hermosa. Pero cuando se acercó a ella, las partículas comenzaron a ir contra ella, le zarandearon, y le tiraron al suelo. No sabía cómo algo tan delicado podía hacerle tanto daño. Esas partículas describían una serie de trayectorias de tal forma que impactaban sobre su cuerpo dolorido.
Tenía que abrir los ojos... Pero estaban tan cerrados, los párpados pesaban tanto...
Necesitaba ver la luz. Abrir los ojos.
Hizo un esfuerzo sobrehumano, dejó de pensar en esas motas punzantes y por fin abrió los ojos.
Las partículas se juntaron en una enorme esfera flotante de color verde esmeralda. Súbitamente, toda la oscuridad en la que todo estaba sumido desapareció, la luz inundó toda la estancia.
Era una amplia sala, de estilo rococó, pintada casi entera de un blanco brillante. De donde provenía la luz era de una amplia balaustrada que daba a un paisaje soleado y verde.
Fue a la balaustrada y se quedó mirando, apoyándose en la barandilla el bello paisaje. La esfera de partículas ahora era de un violeta intenso, y se deshizo, y se pusieron alrededor de ella, acariciando su piel y su pelo. Extendió los brazos y cerró los ojos. Dejó que las partículas sanasen su cuerpo dolorido, recorriendo centímetro a centímetro sus brazos.
Por fin se sentía curada.

lunes, 17 de febrero de 2014

Escribir, vivir.


Escribir.
Yo escribo, tú escribes, él o ella escribe…

Vivir.
Yo vivo, tú vives, él o ella vive…

Los dos presentes simples del indicativo. 3ª conjugación…

Yo escribo palabras. En papel,  con un lápiz, temiendo cometer errores en mis escritos. Mi mente vacilante suelta, libera esas palabras presas en mis pensamientos.

Pero también vivo palabras. Cada trazo, cada vocal o consonante, les doy forma, como un alfarero a sus vasijas, lentamente, con esmero, con paciencia, cuidándolas hasta que maduran y pueden ser representadas. Al verlas acabadas, mis lágrimas ruedan  y caen sobre ellas, difuminándolas, perdiendo su apariencia, pero no su esencia elemental. Porque cada palabra pensada tiene un alma. Tiene un trozo de mí.

Al principio son un conglomerado de ideas, pensamientos, inquietudes, alegrías dispersas y sin sentido aparente. Pero cuando la obra está ya terminada, son de tal belleza, son tan fuertes que ilusionan, alegran tardes, días, noches. Cambian vidas, y ellas son cambiadas por vidas.

Escribir es vida.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Frío.

(Relato ficticio)

Estás temblando. ¿Por qué no te abrigas un poco? La brisa matinal es muy traicionera y más todavía en esta época.
Pero estás raro.Tus ojos normalmente joviales y amistosos los veo muy apagados, como si alguien le hubiese robado su luz. Ahora los miro y no sé bien qué les pasa, pero me producen cierto miedo. Solían ser dos luceros brillantes, pero ahora parecen casi inhumanos. Al fijarme en ellos una inquietud oscura y disfrazada recorre mi ser, asustándolo. Esos dos pocillos siniestros y oscuros a los que llamas ojos son como un parásito que causa una enfermedad contagiosa, se aloja en mi, inyectándome su áspero veneno, haciéndome sentir mal sin ni siquiera saber el por qué...
Y tus ojeras... Qué decir de tus ojeras. Parecen negros depósitos de lágrimas. Todavía puedo ver unas gotas brillar si me quedo observándolas paulatinamente.

Pero, ¿Y si ese frío que sientes no lo cura ninguna medicina? ¿Y si ese frío está instalado en lo más profundo de ti, y juega contigo inocentemente usando el arma más peligrosa? ¿Qué cuál es el arma más peligrosa? Algo que conocemos todos especialmente bien. Pueden ser muy buenos pero a la vez de lo peor y que definen tu futuro y tu presente. Y cuando son especialmente malos, te hacen sufrir. Te torturan. Por más que tú quieras son imborrables. Son los causantes de ese frío que sientes en el pecho.
 La gente suele llamarlos recuerdos.

martes, 14 de enero de 2014

Crazy

Tell me what's wrong with society 
When everywhere I look I see 
Young girls dying to be on TV 
They wont stop 'til they've reached their dreams 

Diet pills, surgery 
Photoshop pictures in magazines 
Telling them how they should be 
It doesn't make sense to me 

Is everybody going crazy? 
Is anybody gonna save me? 
Can anybody tell me what's going on? 
Tell me what's going on 
If you open your eyes 
You'll see that something is wrong 

I guess things are not how they used to be 
There's no more normal families 
Parents act like enemies 
Making kids feel like it's world war III 

No one cares, no one's there 
I guess we're all just too damn busy 
Money's our first priority 
It doesn't make sense to me 

Is everybody going crazy? 
Is anybody gonna save me? 
Can anybody tell me what's going on? 
Tell me what's going on 
If you open your eyes 
You'll see that something is wrong 

is everybody going crazy? 
is everybody going crazy? 

Tell me what's wrong with society 
When everywhere I look I see 
Rich *guys* driving big SUV's 
While kids are starving in the streets 
No one cares 
No one likes to share 
I guess life's unfair 

Is everybody going crazy? 
Is anybody gonna save me? 
Can anybody tell me what's going on 
Tell me what's going on 
If you open your eyes 
You'll see that something 

something is wrong 
Is everybody going Crazy? 
Can anybody tell me what's going on 
Tell me what's going on 
If you open your eyes 
You'll see that something is wrong

lunes, 6 de enero de 2014

Páginas viejas

Para muchos un cuaderno es un objeto más, algo tan simple que no merece la pena ni usarlo.
Un cuaderno es mucho más que eso, es una oportunidad de indagar en los recovecos del laberinto de tus pensamientos y conocerte más. Es un amigo mudo que gentilmente cede sus blancas páginas, aparentemente vacías, pero que lentamente se va llenando de todo lo que te atormenta, lo que te inquieta, te produce alegría, pensamientos en general. Vas dejando un trozo de tu alma en él. Es como una parte de ti, una extensión, una zona de recreo de los pensamientos. Página tras página, testimonios de toda una vida. La de aventuras que habrá que pasar para rellenar todas sus infinitas páginas. Es un roble al que aferrarse en los momentos en los que la tormenta arrecia, y en el que sentarse bajo su sombra acogedora cuando sale el sol.
Y finalmente, al terminarlo, sentarse, y abrirlo. Y al pasar las páginas roídas por el tiempo descubrir quién eras, quién eres y quién sabe, quién serás.